Asado Viloento: Un menú peligroso

Por Ulises Leal

Ese domingo, con los muchachos del bar, hicimos un asado en casa, la parrilla lucía los más deliciosos placeres carnales. "Poné música, Ulises, amargo", gritó con tono burlón "El Pelado" Orlando, y hice caso y elegí un disco a la altura de semejante menú: Asado crudo (más que crudo, vivo) de Asado Violento.

Mientras descorchamos los primeros tintos arrancó Tranqui; un power-funk con letra auto-referencial que habla de tipos con tetas marcadas, que limpian el piso con Hecho y tienen abdominales rabiosos con gusto a miel.

Al mismo tiempo que las mollejas y los chichulines llegó Tatoo, en la que esta loca banda dice querer ser amiga de Bin Laden y canta la justa del fallido plan yanqui: " (...) Lo apoyaban, eran sus garantes, le dieron armas los muy vigilantes, se les dio vuelta la tortilla (...)".

Las salchichitas parrilleras llegaron con Café, y no es que mezclemos de esa manera, sino que Café es el título de un candombe que demuestra la habilidad de la banda para manejar distintos estilos.

Siguieron los choripanes, tan populares como la música stone en estos tiempos, y Cromastone, un roncarol de buen gusto y estilo, nos describió ―con ingenio sólo comparable al del tipo que inventó el chimichurri― a la especie de flequillo, zapatillas de lona y pañuelito de seda. (¡Qué buenas que están las rollingas!).

Y llegaron las costillas, mientras los vasos de tinto bajaban más rápido que chileno haciendo mapas, y Palermo ―no el ombú devenido en futbolista, sino un tangazo― dejó a una voz con todo el arrabal encima contar un romance (que termina con clavada de estaca) entre un taxista y un travesti.

Terminaba la melosamente desopilante Te necesito, que aunque lo parezca no está cantada por Luis Miguel, cuando el vacío dijo presente, acompañado de una versión impresionante de Pega la vuelta. Asado Violento hizo del hit de Los Pimpinela un heavy al mejor estilo Giardino ("Quien le roba a un ladrón …") con una introducción mezcla de Zitarrosa y Los Nocheros. Si pensaban que lo más bizarro que habían escuchado era Intoxicados versionando a Pink Floyd están muy equivocados.

El asado terminó y el disco empezó a hacerle honor a eso de "violento" en el nombre de la banda. Entre más tinto, y Ahhh (rap poderoso y de ingeniosa letra), Carilina (una versión resfriada de Smells like teen spirit) y Wanda ramera (versión heavy-punk de la cubana Guantanamera), se armó un pogo patético. ¿Por qué? Imagínense a diez cuarentones, borrachos y panzones, bailando, cantando y empujándose al compás de la música. Terminamos arrumbados en el piso y con distintas lesiones de variedad gravedad.

La tertulia llegó a su final, y una vez más comprobé que un asado puede hacerme feliz, y si es violento, más feliz aún.