Fuego contra fuego: una película del carajo

Por el Ing. Jean Chichè

Recuerdo que cuando vi esta película tenía treinta y dos años, fui con mi hermano, Ricardo, y su hijo (y, por lo tanto, mi sobrino) Esteban. Estábamos de vacaciones de verano en Santa Teresita; el cine al que fuimos se llamaba (no creo que aún exista) Yanel, y se caía a pedazos. ¡Qué calor que hacía ahí! ¡Insufrible! Me acuerdo que ni bien entramos y nos sentamos ―en los peores y más incómodos asientos de cine que conocí en toda mi vida― se apagaron las luces y, entonces, aprovechamos para hacer una locura: nos pusimos en cuero; el calor dentro de la sala provocó semejante acto de inadaptados sociales (¿No es, en algún punto, paradójica o curiosa o chistosa la acusación ¨inadaptado social¨? Es que tal vez, en vez de un insulto, como siempre se lo emplea, sea un halago).

Retomando el motivo de que esté escribiendo esto, Fuego contra fuego, debo decir que verla provocó en mí, principalmente, querer encontrar al estúpido que inventó la frase ¨El crimen no paga¨, para hacerle escupir el hígado por la boca a los golpes. Y lo encontré, en un bar de Flores, lucía una remera que decía ¨Sí: yo inventé eso de que el crimen no paga¨; pero, como era una suerte de Jean Claude Van Damme, decidí dejar por la mitad mi plan.

¿Y por qué esta película es, Para Mí, una película del carajo? En primer lugar, por la acción, el drama y el fondo filosófico que se articulan durante los ciento ochenta y ocho minutos que dura. Y, en segundo lugar, por el reparto de actores ¡de la ostia! que presenta, anoten: Al Pacino, Robert De Niro, Jon Voight, Val Kilmer, Tom Sizemore, Ashley Judd y Natalie Portman.

Fuego contra fuego muestra una historia que se desarrolla en Los Angeles; una historia que tiene como punto principal un gran golpe de una gran banda de delincuentes. Por un lado tenemos al teniente Vincent Hanna (Al Pacino), un groso, del L.A.P.D. (Los Angeles Police Department, ¡coño!), que es un tipo que deja todo en la cancha por atrapar a su hombre en cuestión; prueba de esto es el descuido de su vida: tres divorcios y una crisis con su actual pareja. Por el otro lado está Neil McCaulye (Robert De Niro), otro groso, junto a sus secuaces; Chris Shiherlis (Val Kilmer) y Michael Cheritto (Tom Sizemore), con el que mi hermano quedó fascinado.

Durante la película se disfruta de escenas imperdibles e inolvidables y, además, diálogos que quedan bollando en la cabeza durante mucho tiempo. Me acuerdo de una charla de café que tuve con Cristian Álvarez, en la que me dijo ¨Quiero una vida fácil, sin problemas: quiero ser chorro como De Niro en Fuego contra fuego¨ y bueno... después de eso armó Intoxicados (Nota de redacción: ¡Aguante Pity!)

La perla de la velada se la llevó Esteban, mi sobrino; salimos del cine ―quedaba una función más, la de trasnoche ― y él, haciendo un comentario, contó el final de la película, mientras pasaba al lado de los que hacían la cola para entrar a la siguiente función: ¡qué boludo! ¡Y cuántos insultos se ganó! Bien merecidos, por supuesto.

Fuego contra fuego, desde su particular modo de mostrar el mundo del bien y el mundo del mal de su historia, me hizo pensar en qué tan bien está el bien y qué tan mal está el mal, y, además, me fui pensando que dentro del bien hay tanto mal como dentro del mal hay tanto bien.

E fin... si vos sos alguno de los millones de seres, que hay en este mundo, que piensa que el modo de triunfar en la vida es estudiando y trabajando, siendo un hombre de bien: estás equivocado... seguramente nunca viste esta película. Y si la viste, te recomiendo que lo vuelvas a hacer: lo bueno dos veces, dos veces bueno.