Más under, imposible

Por Ulises Leal

El hecho de no tener auto, me ha permitido conocer muchos personajes que tal vez teniendo uno no hubiese sido posible.

Los subtes creo, desde mi óptica, es una fuente inagotable de excelente música. En muchas estaciones hay guitarristas, violinistas y hasta dúos tangueros de bajo y bandoneón.

Son muchas historias, muchas vidas, muchos mundos, pero coinciden en la generosidad de repartir agradables melodías a la gente. La mayoría son desconocidos para mucha de la gente que viaja, sin embargo, varias veces me he detenido a charlar con ellos y tratar de despejar las dudas de por que están horas, días y tal vez meses, estoicamente en el mismo lugar simplemente mostrando lo que saben.

Argumentan que es lo único que realmente saben hacer bien y les da placer, cosa que admiro profundamente, ya que como cualquiera que viajo alguna vez, saben, que lo que juntan son algunas monedas y tal vez alguna felicitación.

Mi admiración más allá de lo musical, que es lo primero que descubro, es la creatividad y el nivel de ejecución de las piezas que interpretan.

Había un violinista que deambulaba por la línea B del subte, que me impresiono mucho. Este muchacho, misionero, de unos 26 años, posible sesionista de cualquier banda u orquesta, se presentaba y arrancaba su “set” tocando el himno nacional, con lo cual tenía una gran llegada al público común, y después luego de los aplausos, se concentraba mucho y sin preámbulos ejecutaba algún tema de Magadeth, Almafuerte o Slayer, bandas heavys. En ese momento dejaba de mirar al muchacho para ver la reacción de la gente, que casi en su totalidad era de indiferencia, sin embargo se podía ver sonrisas y gestos de asentimiento en algunos pocos metaleros al descubrir la canción. Estos eran los que aplaudían más fuerte y retribuían con más generosidad a la hora de la gorra.

Otro ejemplo, era una pareja de bailarines de tango que en la misma línea, los sábados y domingos salían a demostrar los suyo en el subte. Un grabador era su único instrumento, luego bailaban de manera excepcional los minutos que duraba la canción. Digno de admirar la naturalidad y belleza con la cual se desenvolvían en el vagón y la perfecta coordinación de tiempo-espacio.

Así podría enumerar infinidad de artistas desconocidos que derrochan talento, humildad y sobre todo generosidad.

Muchas veces me pongo a pensar en tanta basura marketinera dando vueltas, tanto chanta con espacio en programas de entretenimientos y no comprendo como estos músicos no tiene ningún tipo de lugar en ellos, ni apoyo ni reconocimiento. Posiblemente la respuesta mas facilista sea que ningún productor hoy en día viaja en subte o colectivo, y que en sus autos o 4X4, lo único que piensen sea en el próximo reality show de donde salga la próxima estrella fugaz, burda y comercial.

O será porque tal vez ni ellos lo quieran y solo necesiten esas pocas monedas en los bolsillos y algunos aplausos para ser felices.

De vuelta en el subte, me cruzo con un guitarrista con su pequeño amplificador, me detengo a escuchar la canción, mientras saco una Para Mi de mi mochila. Se la dejo en la funda de la guitarra, junto a las monedas, le hago un gesto de asentimiento con el pulgar en alto y sigo viaje. Camino unos pasos y la melodía se detiene bruscamente.