Para Mí contra la cobardía

EDITORIAL

En esta editorial, la segunda de Para Mí, tenía planeado contarles a ustedes, queridos lectores, todo lo que pasó en nuestra gran fiesta de presentación, en la que, entre otras cosas, tocó Claribel Mota y Fernando Bravo, el excluyente invitado especial de la velada, hizo un excitante striptease. También pensaba compartir con ustedes alguna que otra anécdota de nuestro paso por La Jungla, el único programa de radio al que le aceptamos la invitación a presentar Para Mí. Tal vez si otro programa nos hubiese invitado, hubiésemos ido.

En fin... Esta iba a ser un editorial cargada de buenas nuevas, un escrito similar al que uno espera leer de un amigo al que estima, que sólo le escribe una vez por mes. Pero no, algo sucedió que impidió que esta editorial sea lo que tendría que ser, para transformarse en una denuncia y un desahogo propio de una persona indignada, y ése algo es una pintada con aerosol que un cobarde (o un grupo de cobardes) hizo en la pared de mi casa: "El director de Para Mí se sienta, se la come toda y se traga todos los pibes".

Aquella mañana me llamó Juan, el vecino que vive en frente de mí, y me dijo "¡Augusto, rápido, salí y mirá lo que escribieron en todo el frente de tu casa!". Cuando lo vi me quería matar, me sentí tan impotente... Inevitable sentirse así ante un ataque de esas poco valientes características. Enseguida lo llamé a Federico (Díaz) y le conté, y me dijo, con tono jocoso, "Y bueno... Algún día se tenía que saber, boludo. Relajate, vas a ver que es cierto eso de que la verdad te libera". Furioso le corté y busqué el teléfono de Miguel, el pintor que siempre trabajó en casa, para que venga a arreglarme ese desastre. Me dijo que hasta el día siguiente no podía venir, y decidí esperarlo. Mientras me preparaba para tomar mate sonó el teléfono; era El Maestro, que me invitaba a la casa a jugar al PcFútbol 4.0 Liga de España, comer milanesas con papas fritas y escuchar Miranda. "No puedo" le respondí, y le conté lo que me había pasado. Después de reírse a carcajadas durante unos minutos, pedirme perdón por hacerlo y decirme que me lo tome con soda, me dijo que venía para casa.

Mientras mirábamos la pintada pensamos, El Maestro y yo, en quién pudo haber sido en función de las personas que atacamos o tomamos como objeto de chiste en el primer número de Para Mí; Mariano Grondona, Romina Yan, Luis Majul, Silvio Soldán, para ti, Lita de Lazzari, Cristian Castro, Rata blanca, Martín Palermo, Marley... Pero no encontramos forma de saber quién fue, y, probablemente nunca la encontremos.

Una de las cosas que aprendí, gracias a vivir tanto tiempo en Capital Federal, es que es muy fácil ver las piedras y, por el contrario, muy difícil ver las manos que las arrojan.