Y llegó Para Mí

EDITORIAL

Conocí a El Maestro (Augusto Peralta) en una extraña fiesta que alguien dio en su antigua casa de San Telmo, hace casi cinco años. Yo había ido con Santiago (Mamone), Federico (Díaz) y Federico (Klemm); en algún momento de la noche los perdí a todos de vista, y ahí fue cuando El Maestro me tocó la espalda para pedirme fuego...

–No tengo; yo no fumo –le dije.

–Yo tampoco –retrucó.

–¿Y entonces para qué me pediste fuego?

–Para sacar conversación; como estoy solo y vos también... Quedé en encontrarme acá con una amiga, pero me dejó plantado y me estoy comiendo flor de embole.

–¿Y si hubiese tenido fuego qué hubieras hecho?

–Te hubiese dicho que lo guardes porque me había arrepentido.

–¿Cómo te llamás?

–Augusto, ¿vos?

–Augusto, también.

–Un gusto, Augusto.

–Lo mismo digo, Augusto.

Estrechamos nuestras manos al tiempo que aparecieron los muchachos al grito de "¡Augusto, venite que hay cerveza con maníes!", lo invité a El Maestro y aceptó gustoso.

La charla se centró sobre cuestiones literarias, todos aportábamos comentarios y debatíamos distintas cosas. Luego conversamos sobre el origen de la humanidad y el por qué de que estemos vivos. De repente Federico (Klemm) pidió silencio, dijo que sabía lo que teníamos que hacer de nuestras vidas, corrió las cosas que estaban arriba de la mesa, se subió a ella, se desnudó, comenzó a masajearse los pezones, y exclamó "¡Tenemos que hacer una revista juntos!".

Y llegó Para Mí.

Lejos de esa noche y sin uno de sus fundadores (a quien quisimos, extrañamos y homenajeamos no sólo por lo expuesto en la tapa, sino también por ser el principal responsable de que Para Mí exista), pero cerca del objetivo planteado aquella vez: una revista que haga reír y pensar al que la lea, un ícono cultural para la juventud argentina, un compendio de escritos que linden con lo sublime y maravilloso, una publicación de índole mítica…

Sí, ya nos acusaron de pedantes, irrealistas, fantasiosos, inocentes, estúpidos, deformes, fanáticos de Lita de Lazzari y de Cristian Castro. A ellos les digo que los de Para Mí –simplemente– somos soñadores que vamos por nuestro sueño, y les recomendamos a todos los que no lo hacen que lo hagan, antes de que se queden dormidos, y sin posibilidad de despertar.